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ENTRE DOS CULTURAS
DOS CAMINOS
DR. EMOTO
Y DR. ESCUDERO
EL ENCUENTRO
LA CONVERGENCIA |
La grabación de vídeo la pasé unos
meses después en el Colegio de Veterinarios de Valencia,
para exponer a consideración de estos profesionales la
siguiente pregunta: ¿Es capaz el animal de sentir dolor
como los seres humanos?
Yo partía de una afirmación previa. El dolor es
una elaboración del sistema nervioso central. Por tanto
los seres que no disponen de éste no pueden sufrir dolor,
y sin embargo “saben” cuándo y de qué tienen
que defenderse cuando existe una agresión que pone en
peligro su integridad física.
¿
Por qué, me he preguntado tantas veces, el hombre tiene
necesidad de sufrir para saber que tiene que defenderse de algo?
La respuesta es clara. El hombre a lo largo de su evolución
como especie ha sufrido una inadecuada programación en
su cerebro, que le ha empobrecido en lugar de enriquecerle en
este terreno del conocimiento y de la defensa contra ciertas
agresiones.
Pero, los demás seres vivos ¿sufren el dolor como
el ser humano?...
¿
Sufren el dolor epicrítico, noético, el que se
da inmediatamente después de la agresión y que
supone la primera información de la misma?...
¿
Sufren, acaso, el dolor protopático, ese más tardío,
que va acompañado de fuerte contenido emocional, lo más
desagradable del dolor?
Dan me está contestando a estas preguntas con su comportamiento...
Dan sabe que le estoy ayudando, y por lo tanto acepta todas las
manipulaciones quirúrgicas como ayuda, no como una agresión.
Por eso ni se mueve, por eso nos corresponde con sus caricias...Y
tampoco ha habido el menor gesto de disgusto, desagrado o sufrimiento;
no ha existido el menor signo de emoción negativa, nada
que pueda corresponder al dolor protopático en el hombre.
Todo esto nos autoriza a pensar que cuando un animal muerde,
corre o ladra ante un simple pinchazo, no es porque sufra dolor
según la experiencia humana, sino porque sabe o siente
que aquello es una agresión y se defiende de ella. Y durante
esa reacción se producen signos de predominio simpático
originados por la correspondiente carga de adrenalina, que desde
sus glándulas suprarrenales pasará a la sangre...
Es una reacción de defensa ante la agresión, necesaria
para poner su organismo en condiciones de luchar o huir. El equivalente
al dolor epicrítico en el hombre, pero sin dolor en el
estricto sentido de sufrimiento.
Sin embargo, le abro el vientre a Dan y no protesta; sabe que
le estoy ayudando y no tiene necesidad de defenderse. Está tranquilo
y relajado, con un predominio vagal evidente, como mis pacientes
mientras les opero. Pero el animal lo consigue sin necesidad
de aprendizaje previo, le basta su instinto de conservación.
En un congreso de videocirugía celebrado tiempo después
en Barcelona mostré esta intervención a mis colegas.
Y en el coloquio, contestando a la pregunta de ¿qué había
enseñado al perro? Les dije que al perro nada, que los
que necesitaban aprendizaje eran mis pacientes humanos, que habían
perdido la habilidad que el animal conserva, de distinguir entre
ayuda y agresión, sin necesidad de sufrir por este conocimiento.
Aunque con las enseñanzas que doy a mis pacientes demuestran
que las capacidades están todavía en él,
que lo que se perdió fue la habilidad para usarlas...
que es necesario y posible recuperar”.
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