ENTRE DOS CULTURAS
DOS CAMINOS
DR. EMOTO
Y DR. ESCUDERO
EL ENCUENTRO
LA CONVERGENCIA |
También en “El Juglar de Dios” podemos
leer:
“El hermano Francisco demostraba por el fuego un amor
especial que le llevaba a nunca apagar la hoguera de la noche,
o el candil o vela alguna. Si por amor a la hermana agua se lavaba
siempre de manera que fuera seguro que las gotas caídas
al suelo no serían pisadas por nadie, su aprecio por el
fuego le llevó en una ocasión a dejar de utilizar
una piel salvada por él, unas horas antes, de un incendio
en una celda: ’Mi avaricia no ha consentido que el hermano
fuego la devorara’, decía.
Lo maravilloso del trato del bienaventurado
Francisco hacia todas las criaturas era el hecho de que estas
parecían
esforzarse en corresponder a sus suavidades. Esto quedó claro
del modo más llamativo con ocasión de la operación
a la que el santo hubo de someterse, y que consistió en
una angustiosísima cauterización del canal ocular.
Antes de que el médico pusiera manos a la obra, san Francisco
hizo la señal de la cruz sobre el hermano fuego diciéndole:
-Hermano fuego, noble y útil entre todas las criaturas,
muéstrate ahora cortés conmigo, ya que siempre
te he amado y te seguiré amando por amor de tu Creador.
Cuando al terminar la operación los hermanos que esperaban
afuera corrieron a preguntar al médico, este, sin salir
de su asombro, les refirió cómo, a pesar de haberle
sido realizado un cauterio tan recio que ni el más robusto
de los hombres hubiera soportado el dolor, san Francisco había
permanecido tranquilo, sin moverse ni dar la menor muestra de
dolor”.
|