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ENTRE DOS CULTURAS
DOS CAMINOS
DR. EMOTO
Y DR. ESCUDERO
EL ENCUENTRO
LA CONVERGENCIA |
Finalizando este documento podemos acercarnos a
distintas y profundas reflexiones. Más aún, si tenemos
presente que la Tierra está compuesta por un 70 % de agua
y el cuerpo humano posee casi un 70 % del mismo elemento, apreciaremos
el camino trascendente que señalan ambos científicos.
Por mi parte, pienso en el átomo, en la Naturaleza y el
Universo. Macrocosmos, microcosmos, correspondencias y analogías.
Recuerdo a Platón: “La función del ala es levantar
lo que es pesado y elevarlo a regiones superiores donde moran los
dioses. De todo lo conectado al cuerpo tiene la mayor afinidad
con lo divino”.
Nosotros no tenemos alas como los pájaros o los ángeles.
Pero... es que la Naturaleza se ha olvidado de los humanos? De
ninguna manera. Nuestras alas son nuestros pensamientos constructivos,
positivos, que nos contactan con toda la Creación.
El Dr. Escudero lo expresa así: “Los pensamientos
son como las manos del alma que modelan la vida del Hombre”.
Una vez más, caigo en cuenta que la Naturaleza procede por
lo simple, por lo sencillo. Una gotita de agua, una palabra amable,
un sentimiento generoso, un pensamiento útil, constructivo,
positivo!!!
Con mis alas - los pensamientos - vuelo entonces a la época
de la Europa feudal. Allí encuentro al Serafín que
acostumbraba a entregar una Bendición con su saludo Pace
e Bene: San Francisco de Asís – también Santo
Patrono de Ecos del Héroe.
Octavio J. Cortés autor de “El juglar de Dios” escribió:
“San Francisco se encontró durante sus correrías
con que los habitantes de la ciudad de Gubbio vivían aterrorizados
a causa de un lobo ferocísimo que no sólo atacaba
al ganado y las monturas, sino que arremetía también
contra hombres, mujeres y niños. Con singular resolución,
habiendo tenido cumplida noticia de los acontecimientos, el santo
de Dios salió de la ciudad en compañía de
un hermano en busca de la fiera terrible. Las gentes de Gubbio,
entre el temor y el asombro, en buen número seguían
a distancia y acabaron por ser testigos del milagro acaecido.
Pues sucedió que, encontrándose al fin el lobo
y el santo, el animal con toda mansedumbre se llegó hasta
los faldones del hábito de san Francisco y con sumisión
oía la exhortación que con todo cariño su
hermano le dirigía en estos términos:
-Hermano lobo, tú has causado pánico en estos lugares
atacando a las criaturas de Dios para su disgusto y con ello
te has ganado la enemistad de todos y la horca de los homicidas.
Pero he aquí que la Providencia me ha traído hasta
aquí para hacer entre vosotros las paces de manera que
tú no ofendas ni dañes a los que aquí viven
y ellos perdonen tu ofensa pasada.
Y el lobo abajaba el hocico y se arrimaba al santo en muestra
de agradecimiento. Y luego todos hubieron de maravillarse al
ver la manera en que, bien pegado a los pies del que traía
la paz, entró en la ciudad con san Francisco. Todos se
congregaron para oír al hermano, que así hablaba:
-Yo sé hermano lobo, que el hambre te ha movido al crimen,
pero quiero que me des palabra de que si los habitantes de la
ciudad se comprometen a alimentarte y no perseguirte, tú en
adelante les tratarás con el mayor respeto y renunciarás
a tu impiedad pasada.
Y el lobo levantó su pata delantera, poniéndola
en la mano del santo, como para dejar constancia de su voluntad,
y la gente de Gubbio no cabía en sí de asombro
y felicidad ante aquel prodigio. Y desde aquél día
y durante dos años el lobo vivió en la ciudad y
entraba en las casas y jugaba con los niños y todos le
alimentaban y estimaban en recuerdo de su milagrosa pacificación.
Al fin murió de viejo el hermano lobo y fue enterrado
en un lugar célebre, a la entrada de la ciudad, donde
aún muchos se detienen a meditar las maravillas que el
Altísimo obró, obra y aún obrará en
su felicísimo siervo san Francisco”.
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