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VANIDAD
Padre Luis Ceschi
Diario San Rafael
Un profundo observador de la conducta humana, José Ortega
y Gasset, escribió en "La rebelión de las masas" que
el vanidoso necesita de los demás, busca en ellos la confirmación
de la idea que quiere tener de sí mismo.
En el fondo, el vanidoso necesita de cómplices que le ayuden
a mirarse a sí mismo con las lentes de aumento con que él
se mira. Esta búsqueda inconsciente le hace mal al vanidoso,
y se expone a quedar a un paso del ridículo. Conozco el
caso de una actriz, hermosa pero con un ego muy subido. Un día
comunica la noticia: “Me voy a casar. Se que mi casamiento
hará infelices a muchos hombres...”. No faltó la “maldita” que
susurró a la amiga: “Cómo: ¡es que piensa
casarse con más de uno?”... Bien decía Beaumarchais: “Tontería
y vanidad son compañeras inseparables”. Hay una sabia
página de don Miguel de Cervantes Saavedra, que pone en
boca de Don Quijote un consejo siempre actual: “Has de poner
los ojos en quien eres, Sancho, procurando conocerte a tí mismo,
que es el más difícil de los conocimientos que pueda
imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la
rana que quiso igualarse con el buey. Haz gala, Sancho, de la humildad
de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores,
porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte,
y préciate más de ser humilde y virtuoso que pecador
y soberbio”. Para citar otro clásico español,
vea lo que escribió Quevedo: “Mira que eres el que
ha poco que no fuiste, y el que siendo eres poco, y el que de aquí a
poco no serás: verás cómo tu vanidad se castiga
y se da por vencida”. Sabia advertencia, para volver a leerse,
para empezar a vivirse. El haber nacido de humilde cuna puede incluso
ayudar a ubicarse bien cuando las circunstancias lo colocan en
un lugar destacado. Jorge Leber había sido albañil
en su juventud. Llegó a ministro de defensa de Alemania
Federal. Le preguntaron entonces en qué se parecía
su alto cargo con su antiguo oficio. La respuesta fue inmediata: “En
ambas situaciones, uno tiene que evitar el vértigo de las
alturas”... Para el final, la aguda observación de
Goethe: “Súbete, si quieres, a un alto zócalo:
serás siempres el que eres”. Las “petisuras
espirituales” no se ocultan con humos...
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