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Padre Luis Ceschi
Diario San Rafael
"Me duele el alma". No recuerdo quién me lo
dijo por primera vez hace mucho tiempo. Sí recuerdo que
la expresión ya forma parte de mi lenguaje. Porque dice
tanto, en tan pocas palabras.
Doler el alma significa percibir que una
herida está presente.
Invisible, inmedible, inexpresable también. Porque toca
lo esencial, porque escapa al control de los sentidos. Hay penas
grandes y pequeñas, cortas y prolongadas, compartidas
y solitarias; pero todas se asoman de algún modo a nuestro
ser, expresándose en el rostro, la mirada, la palabra.
Sobre el tema leí hace poco un par de pensamientos de
la escritora cordobesa Lylian López de Stoppani, en su
hermoso pequeño volumen que lleva el sugestivo título
de "Interiores". ¿Por qué no se acerca
también usted a ellos? No se arrepentirá: "La
mayoría de los dolores no son físicos sino psíquicos
y terminan por llevarse una parte de nuestro cuerpo. Se necesitarían
menos médicos y pocos remedios si nos detuviéramos
más de una vez a mirar nuestro alrededor, socorriendo
al que decimos es nuestro hermano y escuchando al amigo y a quien
no lo es. La mayoría de los seres están enfermos
de penas, que las sobrellevan y no encuentran un hueco donde
depositar su dolor, la persona en quien confiar y con quien compartir
su amor. No pueden retener por un instante la ternura que los
libraría de tantas dolencias o al menos paliaría
muchas enfermedades". Por ello es tan bueno aprender todos
los días a brindarse a los demás con lo mejor que
se tiene, superando las barreras, motivando lo que vale. Lylian
de Stoppani lo expresa bella y profundamente cuando escribe:
"
Vive de tal manera que siempre representes un puente; que tus
ojos puedan ser la luz donde alguien se refleje; que tus manos
sean herramientas para construir aun las ruinas. Que tu mente
deseche las malezas y espinas; y tu corazón y tu espíritu
sean la estación adonde puedan descansar quienes perdieron
el rumbo, o la brújula de los desorientados"…
¿Quiere que le repita el viejo proverbio sueco? "La
alegría compartida es doble alegría. La pena compartida
es media pena".
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“Ante todo es necesario cuidar
del alma si se quiere que la cabeza y el resto
del cuerpo funcionen correctamente”
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PAZ Y BIEN
ECOS DEL HEROE
DIARIO SAN RAFAEL
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