2008
ECOLOGÍA DEL ALMA
DESPLEGANDO ALAS
APRENDIZAJE SOBRE LO ESENCIAL
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“Solo es útil el conocimiento que nos hace
mejores”
-Sócrates-
Los días pasan, el piloto
sabe que se están quedando sin agua. Tiene sed. El principito,
también tiene sed, pero, es una sed que obedece a otra
naturaleza. Y como sabe que no es comprendido intenta guiar al
piloto diciéndole:
“
El agua también puede ser buena para el corazón”.
“
El desierto es bello. Lo que embellece al desierto es que esconde
un pozo en cualquier parte”.
Entonces el piloto piensa: “Es verdad… algo resplandece
en el silencio. Me sorprendí al comprender de pronto el
misterioso resplandor de la arena”… Y le dijo al
principito: “Sí, ya se trate de la casa, de las
estrellas o del desierto, lo que los embellece es lo invisible”.
Podríamos parafrasear a Arquímides. ¡Eureka!
El piloto, había comprendido.
El desierto es imagen de soledad
completa, del hombre enfrentado a su propia vida, de tiempos
de reflexión y discernimiento.
Lo cierto es que para que se produzca este enfrentamiento hay
que ser verdaderamente valiente. Luego se recogen los sabrosos
frutos pero primero necesitamos del coraje que comienza a manifestarse
gracias a un sentimiento de apremio, de necesidad.
El principito orientó a su compañero
de ruta para encontrar un pozo de agua viva.
El pozo es símbolo de Conocimiento Verdadero.
El piloto expresa: “En mis oídos seguía cantando
la roldana y en el agua, que temblaba aún, vi temblar
el sol”.
El agua es símbolo del alma. El sol es símbolo
de Luz. Agua y Sol. Alma y Espíritu.
El pozo es el Conocimiento Verdadero que se encuentra en el interior
de todo humano. Cuando se despierta a ese Conocimiento, el agua
surge del pozo.
El principito tenía razón. “El agua también
puede ser buena para el corazón”.
Recordemos a San Francisco de Asís cuando en el Cántico
a las Creaturas expresa: “Loado seas, mi Señor,
por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa
y casta”. ¿Creemos acaso que se trata de una licencia
poética del Serafín? ¿O existe una verdad
trascendente?
El sentimiento de puro amor
nos conduce al alma, ese lugar oculto en el interior que como
manantial de Vida nos permite beber del
agua viva, aquella que contiene la luz de lo divino y que es
bálsamo para nuestros días. Volvamos a recordar
la imagen que nos entrega Antoine de Saint Exupéry: “En
mis oídos seguía cantando la roldana y en el agua,
que temblaba aún, vi temblar el sol”.
Pero los ojos están ciegos, buscan pero no encuentran. “No
se ve con los ojos sino con el corazón. Lo esencial es
invisible”.
El humano sumido en el excesivo materialismo es tiranizado por
el ego de la personalidad, tanto, que si no se da cuenta a tiempo
puede introducirse en el laberinto de la oscuridad hasta que
quizás en algún momento como piloto de su vida
se vea obligado a realizar un aterrizaje forzoso en el desierto.
Aterrizaje que en sí mismo puede ser apremiante, aunque
siempre contiene un aprendizaje.
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