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2008
ECOLOGÍA DEL ALMA
DESPLEGANDO ALAS
APRENDIZAJE SOBRE LO ESENCIAL
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“Somos lo que hacemos cada día.
De modo que la excelencia
no es un acto, sino un hábito”
-Aristóteles-
El jovencito cuenta cómo es
su pequeño planeta –Asteroide B612-. Nos habla de
la presencia de volcanes, de hierbas, de árboles…
Los volcanes son las pasiones. El principito tenía por
costumbre deshollinar los volcanes.
“
Si se deshollinan bien los volcanes, arden suave y regularmente,
sin erupciones”.
Las hierbas también representan las emociones. El principito
en cuanto reconocía una mala hierba, la arrancaba inmediatamente.
Sugiere la importancia del cuidado y educación de las
emociones.
El cuidar que no crezcan los baobabs sugiere el estar atentos
a la incorporación de hábitos negativos que resultan
nocivos y peligrosos. Una vez que se han arraigado son difíciles –pero
no imposibles- de quebrar. Y son peligrosos porque pueden malograr
una vida. Más allá de esto, los baobabs, crecen
en África. Sus habitantes dicen que Dios los plantó al
revés. Y así lo que vemos no es la copa sino sus
raíces. He vivido en África y he tenido el deleite
de ver varios baobabs que me remitían inmediatamente al
librito de Saint-Exupéry. Y la verdad es que parece que
en lugar de una copa estamos observando las raíces del árbol.
Platón, expresaba: “El hombre es una planta celeste,
lo que significa que es como un árbol invertido, cuyas
raíces tienden hacia el cielo y las ramas hacia abajo,
hacia la tierra”.
Todos tenemos un yo-niño interior que habita a las puertas
del subconsciente.
El subconsciente se asienta fisiológicamente en el tálamo.
En el tálamo y sus alrededores se originan las emociones.
El principito, el yo-niño del piloto, es un dulce niño,
pero no todos son así. Tristes experiencias, situaciones
traumáticas vividas durante la niñez, forman un
estado de yo-niño carenciado que afecta seriamente a su
adulto, a su vida y hasta puede afectar la vida de toda la sociedad.
Podemos entonces deducir la gran importancia que tiene la niñez
en la vida de toda persona, la gran responsabilidad que todos
tenemos sobre los niños, la seria responsabilidad que
asume un mandatario al frente de un pueblo, ciudad o país.
Porque de la sabiduría con que gobierne dependerá en
gran parte el estado de serenidad en las familias, el trabajo
de los progenitores, el pan sobre la mesa, el bienestar psico-afectivo
de los niños -desde el momento de la concepción-
que prepara el terreno para una fecunda educación y por
ende, la formación de una sólida base para el progreso
genuino de la sociedad.
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