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Refugiados en las montañas, algunos pocos troyanos, lograron
salvar sus vidas. Con ellos se reúne Eneas, luego de defender
a Troya hasta el último segundo, cargando a su padre paralítico,
a su hijo de una mano y a su esposa, a quién dejó de
ver para siempre en la oscura noche que los amparaba.
Eneas era también príncipe troyano, sobrino del
rey de Troya, hijo de Anquises, descendiente del linaje de Troy.
Además, su madre era la diosa de la belleza y del amor,
Venus-Afrodita.
La fábula comenta que la bella diosa del amor, un poco
por disconformidad y otro poco por aburrimiento, de tanto en
tanto realizaba sus travesuras, cansada del esposo impuesto por
Zeus. Vulcano-Hefesto, hijo de Zeus y Hera. Feito, muy feito,
pero al mismo tiempo como compensación, uno de los más
cerebrales e industriosos del olimpo.
La diosa, cierto día, observaba a un bello joven terreno
y se enamoró de él. El joven se llamaba Anquises.
Afrodita-Venus, le confío su identidad previo juramento
de guardar secreto. Anquises, se comprometió a guardar
secreto, pero en una oportunidad en que se encontraba reunido
con sus amigotes, reveló el secreto, además de
decir que tenía con la diosa un hijo. Pocos creyeron esta
historia, pero al fin de cuentas quedó la duda. Ante el
incumplimiento del juramento realizado, Venus pidió a
Zeus que lo castigara. Anquises quedó desde entonces paralítico
por hablar de más… Eneas fue entregado a su padre
a los cinco años. De naturaleza pacífica, reconocido
como un ser muy piadoso al mismo tiempo que extremadamente valiente.
Eneas se embarca junto a los pocos sobrevivientes
troyanos con destino a la tierra de uno de los aliados, el
rey Polimnéstor
de Tracia. Luego recorrió Delos, las Estrófades
y Creta. Más tarde Epiro, llegando a Sicilia, donde murió su
padre Anquises. Se hicieron los honores correspondientes y emprendieron
viaje nuevamente. Una tempestad los desvió hacia África
y desde allí, decidió continuar la navegación
pre-sintiendo que la voluntad de los dioses les reservaba Italia,
por destino. Nuevamente pasaron por Sicilia y después
rumbearon a las tierras del rey Latino.
El rey de los latinos tenía una única hija –Lavinia-
que era pretendida en matrimonio por el rey Turno. Latino no
estaba muy seguro de entregar a su hija en matrimonio por lo
que acudió a los adivinos y también al oráculo.
Recibió como respuesta que no aceptara entregar a Lavinia
en matrimonio con algún personaje del Lacio porque estaba
pronto a llegar un extranjero que casado con Lavinia sería
la gloria del nombre latino.
Tiempo después, arriba al Lacio, Eneas y el rey Latino
presiente que es el extranjero mencionado por el oráculo.
El príncipe troyano entrega y recibe igualmente sincera
amistad. Encantado, Latino le ofrece la mano de su hija Lavinia.
Enterado el rey Turno, no conforme con la decisión, entabla
la guerra. Luego de un tiempo particularmente sangriento, Eneas
y Turno deciden salvar diferencias con un duelo entre ellos.
Eneas, resultó victorioso. Se casó con Lavinia
y se convirtió en rey a la muerte de Latino.
Según se dice, este reinado es el antecedente lejano del
nacimiento del imperio romano.
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