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POLIFEMO
La siguiente aventura tuvo lugar en la isla
de los Cíclopes,
gigantes con un solo ojo que habitaban unas cavernas con sus
ovejas. Ulises llevó unos odres de vino y con algunos
tripulantes se fue a reconocer la isla. En una caverna descubrió un
grupo de ovejas, pero al rato apareció el dueño,
el Cíclopo Polifemo. Este cerró la entrada de la
caverna con una roca inmensa. Cuando encontró a los extraños,
tomó y se tragó a dos de los hombres, y le preguntó a
Ulises su nombre. “Me llamo: Nadie”, contestó él,
ofreciéndole el pellejo de vino. Ni bien el gigante se
durmió porque quedó bien borracho, Ulises, calentó la
punta de una estaca en el fuego y se la clavó en el ojo
a Polifemo. Este a los gritos le pidió ayuda a sus hermanos
a quienes decía: “¡Nadie me está lastimando!”
Entonces los otros cíclopes pensaron que Polifemo estaba
mal de la cabeza, que no pasaba nada y se fueron. Mientras tanto,
Ulises sujetó a cada uno de sus hombres a la parte inferior
de las ovejas y también él se tomó de la
panza de un carnero. Cuando Polifemo dejó salir a su rebaño,
los hombres escaparon.
Desde su nave Ulises insultó a Polifemo. Pero el dios
Poseidón, padre de Polifemo, estaba furioso y dispuso
que Ulises viajara perdido por el mar durante diez años.
EOLO
Luego de los horrores con el cíclope, Ulises tomó rumbo
a la isla de Eolia. Aquí vivía Eolo, el señor
de los vientos. Este acogió a Ulises y sus hombres hospedándolos
durante un mes. Como regalo de despedida le dió a Ulises
una bolsa de cuero que contenía todos los vientos. Eolo
hizo soplar una suave brisa que rápidamente llevaría
las naves a Itaca.
Al cabo de diez días ya estaban tan cerca que avistaron
el fuego de los centinelas. Cuando Ulises se acostó a
descansar en la cubierta, sus hombres fueron a curiosear lo
que tenía en la bolsa y al abrirla todos los vientos se
escaparon en una violenta tormenta. La fuerza de los vientos
arrastró a las naves hacia alta mar, alejándolas
otra vez de Itaca.
LOS LESTRIGONES
Durante seis días remaron por el mar infinito, hasta
que avistaron tierra. Era el país de unos caníbales
gigantes, los Lestrigones. Ulises envió tres hombres a
reconocer la zona, siguiendo un camino que los llevó a
la ciudad. Una niña, hija del rey, les enseñó el
camino y los acompañó hasta el palacio de su padre.
Sin sospechar entraron los tres y se asustaron cuando la esposa
del rey se acercó. Ella levantó a uno de ellos,
ordenando que lo preparacen para la cena. Los otros dos huyeron
hacia los barcos, pero más de mil gigantes los persiguieron.
Estos lanzaron rocas enormes destrozando a hombres y naves. Solo
se salvó el barco de Odiseo, que estaba anclado detrás
de un acantilado.
LA ISLA DE CIRCE
La única nave remanente se dirigió hacia
la isla de Circe, una hechicera.
La mitad de los tripulantes fue a visitar su palacio en el
bosque, donde jugaban unos lobos, osos y leones como si fueran
animales
domésticos.
Circe los invitó a su casa y les dió una bebida
envenenada, y una vez transformados en cerdos los encerró en
una jaula. Uno de ellos había quedado afuera esperando
y se volvió rápidamente para informarle a Ulises
sobre el inesperado acontecimiento. Entonces, Ulises se dirigió hacia
el palacio, apareciendo de repente Hermes, el mensajero de los
dioses. Este le dió unas hierbas que lo inmunizaron contra
los maleficios de Circe.
El rey de Itaca le obligó a liberar a sus hombres. Aún
así, todos permanecieron en la isla festejando un año.
Circe le aconsejó a Odiseo que bajara al mundo de los
fantasmas para preguntarle al vidente ciego Tiresías sobre
cómo podría llegar a su tierra.
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