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Ulises demostró su potencial interno.
Existen pasajes dentro de la Odisea de Homero que revelan las vetas
luminosas encerradas en el interior de este hombre.
Amor y lealtad a la Tierra, la Patria. Prudencia. Hombre de familia
cuya esposa
respondía con igual intensidad. El fruto, un jovencito formado en iguales
valores.
Ulises protector de sus hombres a los cuales no pudo salvar porque ya sabemos
que nadie puede salvar a nadie, solamente se puede indicar el camino, dar señales
que orienten. Nada más.
Cuando finalmente logra regresar a Itaca, su aspecto queda camuflado en pordiosero.
Se llega hasta su antiguo empleado Eumeo, el cuidador de los cerdos.
Eumeo un hombre simple que siendo respetuoso de los valores griegos sabe ser
hospitalario con la visita. Lo atiende, le da de comer y un lugar donde dormir.
Mientras juntos comparten la comida, en la conversación de este humilde
hombre, Ulises se entera de todo lo que ha ocurrido en su larga ausencia. Hablan
de igual a igual. Dos hombres en perfecta armonía al haber comprendido
el profundo y al mismo tiempo elevado significado de: HUMANISMO, RESPETO, NOBLEZA,
FRATERNIDAD, HERMANDAD, HOSPITALIDAD, HUMILDAD.
Argos, el querido perro de Ulises, descuidado y lleno de pulgas levanta sus orejas.
A pesar de los años transcurridos, a pesar de que su amo estaba camuflado,
lo reconoce. ¡El único!
¿
Qué habrá sentido Argos para morir allí mismo? Estaba cansado
y viejito, ¡solamente esperaba a su dueño para poder despedirse!
La FIDELIDAD de un perro! Ulises, emocionado, oculta las lágrimas. Eumeo
estaba cerca...pero no sabe todavía que su amado rey era el hombre desaliñado
a quién gentilmente ofreció hospitalidad.
La nodriza de su niñez, ya ancianita, lo reconoce por la cicatriz en la
pierna.
Cuando Ulises revela su identidad a Telémaco, padre e hijo se abrazan
llorando de felicidad.
¿
Y Penélope? ¡Podemos imaginar!
¿ Y el re-encuentro con su padre Laertes?
20 años de sufrimiento, significan nada ante esta felicidad que si se
dio es porque era merecida.
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