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| EL MITO DE TESEO Y ARIADNA |
“… La mitología no
es una mentira. La mitología es poesía, es
metáfora. Es importante vivir la vida con la experiencia,
y en consecuencia con el conocimiento, de su misterio y
de tu propio misterio. Eso le da a la vida un resplandor
nuevo, una armonía nueva, un brillo nuevo. Pensar
en términos mitológicos te ayuda a ponerte
de acuerdo con lo inevitable en este valle de lágrimas.
Aprendes a reconocer los valores positivos en lo que parecen
ser momentos negativos en tu vida. La gran pregunta es
si podrás dar un gran sí a tu aventura… La
aventura del Héroe… La aventura de estar vivo.”
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EL HILO DE ARIADNA
Catorce jóvenes, siete adolescentes y siete
doncellas se disponen desde Atenas a embarcar con destino a Creta.
Uno
de los integrantes es el joven príncipe ateniense Teseo.
El
joven héroe había visitado previamente
el templo de Apolo. Allí realizó una oración,
una plegaria, ofreciendo una rama de Olivo. También consultó al
oráculo de Delfos. La Pitonisa le aconsejó invocar
a la diosa del amor: Afrodita (Venus). Así lo hace.
La embarcación inicia el viaje. Navegan con velas negras,
señal que viajan al encuentro de la muerte. Los jóvenes
forman parte del pago de un tributo impuesto por el rey de Creta.
Servirán de alimento al temido Minotauro, el híbrido
mitad toro y mitad humano que se encontraba encerrado en una
construcción especialmente diseñada para él.
La embarcación llega a destino. Una muchedumbre los espera
para verlos desembarcar.
Desde un lugar de privilegio, Ariadna, la princesa hija de Minos
II, observa. Conocía la fama de Teseo, su formación,
su entereza. Nunca se lo imaginó tan apuesto, tan bello…Algo
va ocurriendo en su interior… no puede permitir que ese
príncipe muera. No, ella no lo permitiría. Se siente
como flechada. Se siente enamorada…
Ella no lo sabe, pero nosotros sabemos que la diosa del amor
había sido
invocada y es la motivadora de ese enamoramiento. Aunque Teseo es ajeno a esto.
Cumplió solamente con lo que la Pitonisa le aconsejara.
Los jóvenes atenienses son llevados a un lugar seguro hasta el momento
de la inmolación.
Ariedna en forma prudente, busca ayuda en Dédalo, el constructor del laberinto.
Dédalo por determinadas razones que solo él conoce, entrega la
información de cómo salir de esa construcción. Es el único
que tiene la solución.
La princesa arriesga su vida pero no le importa. Se las ingenia para reunirse
secretamente con Teseo, le explica con precisión cómo hacer para
salir del laberinto, le entrega un ovillo de hilo y una pequeña espada.
El joven héroe comienza a sentir una gran admiración por la joven.
Le agradece lo realizado y le promete que si sale con vida la tomaría
por esposa.
Llegó el día en que el rey Minos II ordenó que las víctimas
fueran conducidas al laberinto.
Si bien era una tarea de sumo cuidado y cautela, no le fue muy difícil
a Teseo exterminar al Minotauro. Luego, junto con sus compañeros, siguieron
el hilo conductor, atravesando los distintos, oscuros, solitarios y aprehensivos
corredores. Finalmente: la luz que señala la entrada!
Ariadna esperaba. Todos juntos se dan a la fuga. Por mal tiempo la embarcación
amarró en la isla de Naxos. Allí, decidieron descansar. En sueños
se le aparece Baco (Dionisos) a Teseo, diciéndole que Ariadna es la novia
que el destino le ha concedido y si se atreve a desafiar lo dispuesto por el
destino, lo lamentaría después.
Súbitamente Teseo despierta y ordena la partida. Había sido formado
en el respeto a los dioses, no puede seguir con la idea de casarse con la princesa
de Creta.
Ariadna está sumida en un profundo sueño. Cuando abre sus ojos
y se da cuenta que ha sido abandonada. Llora, se entristece profundamente, se
enoja… En pocas horas, amarra otro barco en la isla. Baco desciende con
su alegre séquito. Ariadna tiene un hombro donde llorar. El dios le ofrece
matrimonio. Ella acepta.
Mientras tanto, los jóvenes atenienses viajan de regreso al hogar. Sanos
y salvos. Sin embargo, están como ausentes, alejados del momento presente.
En ese estado olvidan izar las velas blancas…

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