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Luego de la muerte de Aquiles, se desencadenó una discusión
sobre quién se quedaba con las armas del héroe. Lo
más lógico sería pensar en Ayax como heredero
de las armas de Aquiles ya que merecidamente era considerado el
segundo entre los más valientes guerreros griegos. Sin embargo,
Ulises fue el elegido. Elección que causó en el valiente
guerrero Ayax una profunda amargura, un sentimiento muy grande
de injusticia e impotencia. Según se cuenta, la diosa Atenea –protectora
de Ulises- provocó en Ayax estos sentimientos y algo más…una
alucinación, un estado de locura. Una noche, el guerrero
se despierta y comienza a matar carneros creyendo que estaba dando
muerte a Ulises, Agamenón, Menelao y cuanto griego encontraba
a su paso. Cuando logra salir de ese estado, al ver que sus compañeros
se burlaban de él, sintiéndose en total ridículo,
toma la espada que le había regalado Héctor y la
hunde en su pecho. Se dice que en ese lugar donde la tierra fue
regada con su sangre, se desplegó una flor parecida al jacinto
y que sobre ella se podían observar las dos primeras letras
de su nombre: AIAX.

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