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GRIEGOS Y TROYANOS
- SINGULAR COMBATE DE HECTOR Y AYAX -
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Comienza así, la terrible lucha entre Héctor y Ayax.
En un momento dado el combate se torna tan difícil que llegan
dos heraldos mensajeros de Júpiter para poner fin a la lucha.
Hacia el final del CANTO VII podemos leer:
“¡Hijos queridos! No peleéis ni combatáis
más; a entrambos os ama Júpiter, que amontona las
nubes, y ambos sois belicosos. Esto lo sabemos todos. Pero la
noche comienza ya, y será bueno obedecerla.”
Respondióle Ayax Telamonio: ¡Ideo! Ordenad a Héctor
que lo disponga, pues fue él quien retó a los más
valientes. Sea el primero en desistir; que yo obedeceré,
si él lo hiciere.”
Díjole el gran Héctor, de tremolante casco: ¡Ayax!
Puesto que los dioses te han dado corpulencia, valor y cordura
y en el manejo de la lanza descuellas entre todos los aqueos,
suspendamos por hoy el combate y la lucha, y otro día
volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe, después
de otorgar la victoria a quien quisiere. La noche comienza ya
y será bueno obedecerla. Así tú regocijarás,
en las naves, a todos los aqueos y especialmente a tus amigos
y compañeros; y yo alegraré, en la gran ciudad
del rey Príamo, a los troyanos y a las troyanas de rozagantes
peplos, que habrán ido a los sagrados templos a orar por
mí. ¡Ea! Hagámonos magníficos regalos,
para que digan los aqueos y teucros: Combatieron con roedor encono,
y se separaron por la amistad unidos.”
Cuando esto hubo dicho, entregó a Ayax una espada guarnecida
con argénteos clavos, ofreciéndosela con la vaina
y el bien cortado ceñidor; y Ayax regaló a Héctor
un vistoso tahalí teñido de púrpura. Separáronse
luego, volviendo uno a las tropas aqueas y el otro al ejército
de los teucros. Éstos se alegraron al ver a Héctor
vivo y que regresaba incólume, libre de la fuerza y de
las invictas manos de Ayax, cuando ya desesperaban de que se
salvara; y le acompañaron a la ciudad. Por su parte, los
aqueos, de hermosas grebas, llevaron a Ayax, ufano de la victoria,
a la tienda del divino Agamenón”…
Inciso. Homero utiliza la expresión ‘Troyanas de
rozagantes peplos’. En griego, se designa con el nombre
de Peplos a la túnica, vestido de muchos pliegues y vuelos
llevada por la mujer troyana.
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