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GRIEGOS Y TROYANOS
- SINGULAR COMBATE DE HECTOR Y AYAX -


Antes de continuar con los acontecimientos, se nos hace necesario introducir al más valiente guerrero griego después de Aquiles, Ayax, hijo de Telamón. Léase: Aquiles.
Ayax luchó fuertemente con el troyano Héctor. En un fragmento del CANTO VII - La Ilíada de Homero- podemos darnos cuenta de por qué y cómo se desarrolló el “Combate singular de Héctor y Ayax”.

“… Cuando Minerva [Atenea], la diosa de los brillantes ojos, vio que aquellos mataban a muchos argivos en el duro combate, descendiendo en raudo vuelo de las cumbres del Olimpo, se encaminó a la sagrada Ilión. Pero, al advertirlo Apolo desde Pérgamo, fue a oponérsele, porque deseaba que los teucros ganaran la victoria. Encontráronse ambas deidades en la encina; y el soberano Apolo, hijo de Júpiter, habló diciendo:” ¿Por qué enardecida nuevamente, oh, hija del gran Júpiter, vienes del Olimpo? ¿Qué poderoso afecto te mueve? ¿Acaso quieres dar a los aqueos la indecisa victoria? Porque de los teucros no te compadecerías aunque estuviesen pereciendo. Si quieres condescender con mi deseo –y sería lo mejor- suspenderemos por hoy el combate y la pelea; y luego volverán a batallar hasta que logren arruinar a Ilión, ya que os place a las diosas destruir esa ciudad.”
Respondióle Minerva, la diosa de brillantes ojos: “Sea así, Flechador; con este propósito vine del Olimpo al campo de los teucros y de los aquivos. Mas ¿por qué medios has pensado suspender la batalla?”
Contestó el soberano Apolo, hijo de Júpiter:”Hagamos que Héctor, de corazón fuerte, domador de caballos, provoque a los dánaos a pelear con él en terrible y singular combate; e indignados los aqueos, de hermosas grebas, susciten a alguien que mida sus armas con el divino Héctor.”
Así dijo; y Minerva, la diosa de brillantes ojos, no se opuso. Heleno, hijo amado de Príamo, comprendió al punto lo que era grato a los dioses que conversaban y, llegándose a Héctor, le dirigió estas palabras:
“¡ Héctor, hijo de Príamo, igual en prudencia a Júpiter! ¿Querrás hacer lo que te diga yo, que soy tu hermano? Manda que suspendan la pelea los teucros y los aqueos y todos y reta al más valiente de éstos a luchar contigo en el terrible combate, pues aún no ha dispuesto el hado que mueras y llegues al término fatal de tu vida. He oído que así lo decían los sempiternos dioses.”
En tales términos habló. Oyóle Héctor con singular placer y, corriendo al centro de ambos ejércitos con la lanza cogida por el medio, detuvo las falanges troyanas, que al momento se quedaron quietas. Agamenón contuvo a los aqueos, de hermosas grebas; y Minerva y Apolo, el del arco de plata, transfigurados en buitres, se posaron en la alta encina del padre Júpiter, que lleva la égida, y se deleitaban en contemplar a los guerreros cuyas densas filas aparecían erizadas de escudos, cascos y lanzas. Como el Céfiro, cayendo sobre el mar, encrespa las olas, y el ponto negrea, de semejante modo sentáronse en la llanura las hileras de aquivos y teucros…”

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