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Helena la dama tan
bella como las mismas diosas del Olimpo era admirada por
innumerables pretendientes. Ulises-Odiseo también
se sumaba a ellos. Sin embargo, su cautela, su sentido común,
le permiten darse cuenta que tomar una esposa como ella podría
traerle problemas. Siendo Ulises una persona de post-visión
se anima a proponer una solución donde se permita
que la joven elija a su futuro esposo y que el resto de los
enamoradizos pretendientes respeten la elección y
se comprometan entre todos ellos a que si existiera en el
futuro algún conflicto, todos juntos salieran en defensa
del esposo elegido por Helena.
Paris había crecido como pastor bajo el nombre de Alejandro.
Ayudado por la diosa Afrodita, su protectora, es reconocido finalmente
como hijo del rey Príamo. Léase: La manzana de
la discordia y Héctor. Con el tiempo, Paris, realizó un
viaje a Esparta en calidad de embajador con un objetivo que fue
olvidado tan pronto conoció a Helena, esposa del rey Menelao.
Muy enamorados, Helena y Paris parten a Troya aprovechando la
ausencia del rey por fallecimiento de un familiar. He aquí que
el conflicto se presenta tal cual lo había visionado Ulises-Odiseo.
El rey de Esparta, entonces, convocó a todos los que
se comprometieron bajo juramento -años antes- a defender
el honor del esposo elegido por la bella Helena. Organizó la
flota militar griega que se reunió en el puerto de Áulide
con unos 1200 barcos y cerca de 135.000 soldados. Valientes guerreros
respondieron a la convocatoria: Ayax de Salamina, Idomeo de Creta,
Néstor de Pilio, Diomedes de Argos y tantos otros.
El adivino Calcante aconsejó la participación de
Aquiles ya que según su criterio la guerra podría
ser ganada solamente con la presencia del hijo de Peleo y Tetis.
Aquiles es acompañado por Patroclo, el fiel amigo. Léase:
Aquiles.
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