Zeus, Andrómaca y Héctor,
Ayax, Ulises y Aquiles
Arte Digital: Michel y René Koiter 2001
“ La Mitología
ha sido interpretada por el intelecto moderno como un
torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la
naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía
poética de los tiempos prehistóricos, mal
entendida por las edades posteriores (Muller); como un
sustitutivo de la instrucción alegórica
para amoldar al individuo a su grupo (Durkheim); como
un sueño colectivo, sintomático de las
urgencias arquetípicas dentro de las profundidades
de la psique humana (Jung), como el vehículo tradicional
de las intuiciones metafísicas más profundas
del hombre (Coomaraswamy). La mitología es todo
esto. Los diferentes juicios están determinados
por los diferentes puntos de vista de los jueces. Pues
cuando se la investiga en términos no de lo que
es, sino de cómo funciona, de cómo ha servido
a la especie humana en el pasado y de cómo puede
servirle ahora, la mitología se muestra tan accesible
como la vida misma a las obsesiones y necesidades del
individuo, la raza y la época.”
“
El problema actual de la especie humana es, por lo tanto,
precisamente opuesto al de los hombres de los periodos
comparativamente estables de aquellas mitologías
poderosamente coordinadoras que ahora se conocen como
mentiras. Entonces todo el significado estaba en el grupo,
en las grandes formas anónimas, no en la expresión
individual propia; hoy no existe ningún significado
en el grupo ni el mundo; todo está en el individuo.
Pero en él el significado es absolutamente inconsciente.
El individuo no sabe hacia donde se dirige, tampoco sabe
lo que lo empuja. Las líneas de comunicación
entre la zona consciente y la inconsciente de la psique
humana han sido cortadas, y nos hemos partido en dos.”
“… La única forma
de volverse humano es aprender a reconocer los lineamientos
de Dios en todas
las maravillosas ondulaciones del rostro del hombre.”
“… El hombre es la presencia extraña
con quien las fuerzas del egoísmo deben reconciliarse,
a través de quien el ego debe crucificarse y resucitar
y en cuya imagen ha de reformarse la sociedad. El hombre,
entendido no como “yo”, sino como “tú”:
pues ninguno de los ideales o instituciones temporales
de ninguna tribu, raza, continente, clase social o siglo
puede ser la medida de la divina existencia inagotable
y maravillosamente multifacética que es la vida
de todos nosotros…”