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La manzana de la discordia es el
antecedente, el origen mítico de la Guerra de Troya narrada
por Homero en la Ilíada.
La discordia había introducido sus garras…
En la historia de la humanidad podemos apreciar cómo ella –la
discordia- adoptando diferentes disfraces se filtra en las relaciones
personales, en la sociedad, en el mundo, provocando resentimientos,
odios, divisiones, enfrentamientos, guerras. En definitiva dolor
y sufrimiento para todos.
Deberíamos estar siempre atentos y cautelosos, para no
profundizar el daño que intenta incorporar…
Objetividad, reflexión, prudencia y ecuanimidad, son necesarias
para mantenerse inmune al peligroso veneno de la discordia que
exacerba las emociones
poniendo en movimiento hasta lo más bajo y primitivo que
pudiese habitar en los individuos.
“… una especie
de mundo con dos niveles: el suelo de la tierra abajo,
y encima, un piso superior de seres divinos. En el plano
inferior de la tierra, se llevaban a cabo algunas guerras,
cuyo progreso dependía, en última instancia
del nivel superior. En el caso de la Ilíada, los
diversos dioses de un panteón politeísta
dan apoyo a ambas partes: pues allá arriba también
tienen sus diferencias, como por ejemplo Poseidón
contra la voluntad de Zeus, Atenea contra Afrodita y Zeus
contra Hera. La fortuna de los ejércitos que luchaban
en el nivel inferior dependía de lo que ocurría
entre los dioses. Y de hecho, uno de los aspectos más
interesantes de la Ilíada es que, aunque compuesta
para honrar a los griegos, son los troyanos quienes se
granjean el más grande respeto y honores. Héctor,
el noble campeón troyano, es el héroe que
lleva el liderazgo espiritual de la obra. Comparado con él,
Aquiles parece un sinverguenza. Y el enternecedor episodio,
en el cuarto libro, sobre la despedida de Héctor
de su esposa Andrómaca y de su hijo Astyanax, antes
de dirigirse a la batalla, es con toda seguridad el momento
más supremo de humanidad, dulzura y hombría
de toda la obra”.
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