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El Olimpo estaba de fiesta. Dioses y diosas se
habían reunido en celebración de las bodas de una
nereida con un mortal: Tetis y el rey Peleo.
Eride, la diosa de la discordia, había sido excluída
del festejo. Conocido era que disfrutaba colocando la semilla
de la disidencia y del desorden. Los dioses y diosas querían
disfrutar de unas horas tranquilas y alegres. Y así fue
hasta casi culminado el banquete cuando de pronto Eride –sin
disimular su enojo por haber sido dejada de la lado- envuelta
en una nube hace su aparición en el Olimpo, dejando sobre
la gran mesa de mármol blanco una manzana de oro con la
inscripción: ‘A la más bella’.
Zeus observaba con asombro y preocupación; la diosa se
había vengado hábilmente. Tres diosas tragaron
el anzuelo y comenzaron a pelearse por el brillante regalito.
Hera (Juno), Atenea (Minerva) y Afrodita (Venus) reaccionaron
en forma avergonzante.
El padre de los dioses y de los hombres –Zeus (Júpiter)-
tomó la manzana en sus manos y cual una bomba próxima
a explotar decidió pasar a los hombres la elección
justificando que ningún dios puede dar juicio sobre otro
dios. Encomendó la tarea a Hermes (Mercurio) para que
llevara el particular obsequio de oro junto con las tres diosas
al monte Ida, lugar donde el pastor Alejandro haría de árbitro
sobre cuál era la más bella.
Obediente, el mensajero de los dioses llegó con su séquito
al monte Ida, transformando en doncellas a las diosas que ni
por un segundo dejaban de discutir. El pastor mientras cuidaba
el rebaño escucha la pelea. Se acerca. Ellas le solicitan
que diga quién es la más bella.
Alejandro era apenas un joven adolescente. Le resultaba muy difícil
decidir cuál era la más bella, las tres doncellas
eran tan bellas como las mismas diosas del Olimpo. Mientras reflexionaba,
Hera, le promete riquezas si la elige a ella. Atenea le promete
honores y la gloria en las armas. Afrodita le ofrece el amor
de la mujer más bella del mundo.
El pastor continúa reflexionando con la manzana en sus
manos…
Afrodita fue más astuta que las otras dos diosas. Qué podía
importarle a un adolescente y humilde pastor la fama, los honores
y la riqueza?
Alejandro finalmente decidió. Afrodita recibió la
manzana de oro. Ella era la más bella! Y él, a
su vez, conseguiría el amor de la mujer más bella
del mundo!
Complacida y muy feliz, Afrodita, le dice que a partir de ese
momento será su protegido, que ante cualquier necesidad
la invoque porque siempre estaría pronta
a su llamado. Le hace además una revelación: Alejandro!
Ese no es tu verdadero nombre. Tú no eres hijo de pastores!
Regresa a los tuyos! Eres Paris, príncipe Troyano, hijo
del rey Priamo y Hécuba.
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