Laocoonte y sus hijos –mármol, siglo I d.C.-
Museo del Vaticano
Mientras escuchaban a Sinón, dos enormes serpientes salidas
del mar se enroscan al cuerpo del sacerdote Laocoonte y al cuerpo
de sus dos hijos, dándoles muerte por estrangulación.
Luego, las serpientes se deslizan hacia el templo de Atenea y se
esconden detrás de su escudo. Situación que fue interpretada
como un castigo hacia el sacerdote y un prodigio. Los ingenuos
troyanos retiran las cadenas a Sinón y le permiten moverse
dentro de la ciudad con entera libertad. Un grupo rompe parte de
la muralla de Troya e introducen el caballo en la ciudadela. Todos
cantan y bailan y se entregan a los excesos. Llegada la noche ceden
al cansancio. Situación aprovechada por Sinón, quién
sube a lo más alto de la ciudad y desde allí realiza
señales a la flota de Agamenón. Los soldados alojados
en el interior del caballo haciendo uso de cuerdas comienzan a
descender, ocupando puntos estratégicos dentro de la ciudad.