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ARDE TROYA

 

-Troyanos toman prisionero a Sinón-
Autor: Giuseppe Maria Mitelli -1663
Museo de San Francisco
 

Cumplidos los requisitos señalados por el adivino Calcante, la diosa Atenea inspiró nuevamente a Ulises en la realización de un caballo de proporciones gigantescas. Fue construido con abetos cortados en el monte Ida. Su vientre podía contener un regimiento completo.

Los griegos –hábilmente- hicieron correr el comentario de que emprendían el regreso a sus tierras y que el caballo era una ofrenda a la diosa Atenea para calmar su indignación por el robo del paladio y también para conseguir su intercesión para un feliz regreso a la patria. Las tiendas de los griegos comenzaron a levantarse. Agamenón encabezó el embarque con sus soldados. Se alejaron del puerto, pero… permanecieron ocultos en un islote cercano. Quedaron unos pocos soldados que se encargaron de trasladar el caballo frente a los muros de Troya. En su interior permanecían ocultos trescientos guerreros especialmente elegidos. Entre ellos: Ulises, Neoptólemo, Estanelo y Menelao.
Los soldados griegos que transportaron al caballo, desaparecieron raudamente, aunque dejaron a uno de nombre Sinón.

El pueblo troyano estallaba de júbilo al conocer la retirada de los griegos. Muchos realizaban el reconocimiento de las tierras que habían sido ocupadas por tanto tiempo. Algunos pedían que el caballo fuera introducido en el interior de la ciudad. Otros, pedían que fuera tirado al mar o bien quemado.

Laocoonte, sacerdote del dios Apolo, con indignación se dirige al pueblo. No cree en la retirada de los enemigos. Sabe que en el interior de ese caballo se enconden muchos soldados enemigos. Mientras el sacerdote hablaba, unos campesinos traen encadenado a un soldado griego. Es Sinón que se había ocultado a medias para poder ser descubierto. Sinón había sido preparado por Ulises. Pide hablar con el rey Príamo y le dice que por un desacuerdo con Ulises había sido condenado a muerte aunque había logrado escapar. Explicó que los griegos habían desistido de Troya, que el caballo era una ofrenda a la diosa Atenea y que si lograban introducirlo en la ciudad, los griegos jamás volverían a atacar Troya. Los designios decían que en su momento, los troyanos, devolverían a los griegos todas las calamidades sufridas.

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