|
KATSUMOTO Y EL EMPERADOR
Emperador – Te has alzado contra mí,
Maestro!
Katsumoto – No, Majestad. Me he alzado contra vuestros
enemigos.
Emperador – Son mis consejeros.
Como Tú.
Katsumoto – Os aconsejan de acuerdo a sus intereses.
Emperador – Necesito consejeros que conozcan el mundo
moderno.
Katsumoto – Si ya no soy útil me quitaré la
vida.
Emperador – No! Necesito tu voz en el Consejo.
Katsumoto – Es vuestra voz la que
necesitamos. Sóis
un dios viviente.
Emperador – Soy un dios viviente solo si hago lo que ellos
creen oportuno.
Katsumoto – Qué palabras más tristes… Perdonadme
si digo lo que debo.
Habéis olvidado a vuestro pueblo!?
Emperador – Dime qué debo hacer,
Maestro!
Katsumoto – El Emperador sóis vos Señor.
No yo. Vos debeis hablar la sabiduría
para nosotros.
Luego de esta conversación, Katsumoto se presenta
ante el Consejo reunido en presencia del Emperador. Omura le
prohibe entrar con la espada. Katsumoto se dirige al Emperador,
pero éste no da respuesta. Para un Samurai la espada es
como su propia alma, es sagrada, por lo tanto decide no entregarla.
Es arrestado por Omura quién piensa eliminarlo.
Además Omura ordena perseguir a Algren y da orden de matarlo
si trata de encontrarse con Katsumoto. El capitán americano
se decide por apoyar a los Samuráis. Cuando sale al encuentro
de Katsumoto, cinco individuos intentan matarlo, aunque logra
salir victorioso. Luego se reúne con Simon Graham y entran
al lugar custodiado donde se encuentra Katsumoto. Ingresan bajo
presión diciendo que deben tomar unas fotografías.
Cuando penetran en el recinto encuentran a Katsumoto meditando.
Algren le pregunta:Cómo va el poema? Katsumoto le responde
que le resulta difícil poner un fin.
Algren le propone escapar y luchar. Ujio entrega las espadas.
Nobutada cae heroicamente en defensa de los suyos.
Tristeza para katsumoto por la muerte de su hijo. Pero un Samurai
solamente puede llorar por la muerte de su madre. Todo dolor,
toda tristeza, toda queja, debe guardarse en el interior.
Regresan a la aldea. Saben que una nueva batalla se aproxima.
Deben prepararse.
KATSUMOTO Y ALGREN
Katsumoto – Crees que un hombre puede cambiar su destino?
Algren - Creo que un hombre hace lo que
puede hasta que su destino le es revelado.
Para la batalla
definitiva Algren recibe el pedido de Taka de utilizar la armadura
roja de su esposo, Hirotaro. Ujio expresa
agrado al verlo con la armadura. Katsumoto le entrega una espada
Samurai realizada especialmente para él, bajo ritual,
cuya inscripción dice: “Pertenezco al Guerrero
en el cual se han unido lo viejo y lo nuevo”. Al
ser ella sagrada es entregada por mérito, con y por
Honor. Cuando el Coronel Bagley lo ve junto a los Samuráis
y con la armadura roja, no puede creerlo.
Bagley realiza el mismo error cometido contra los indios americanos
comandados por Custer, acepta y emite la orden de ataque y cruenta
matanza. Pero, esta vez, muere en la batalla. Si bien
el ejército imperial resulta vencedor, la tarea no fue
fácil. En un momento dado se hace un silencio doloroso,
reverencial. Los soldados imperiales –aquí se evidencia
que peleaban contra su voluntad- doblan las rodillas. Un Héroe
ha caído… aún así ha vencido!
KATSUMOTO
Y ALGREN
Algren – No!
Katsumoto – Tú has recuperado tu honor. Déjame morir con
el mío. Ayúdame a incorporarme.
Algren – Estás listo? Hecharé de menos
tus conversaciones…
Katsumoto – Perfectas… Son todas perfectas…
Recordemos que Katsumoto intentaba realizar un poema donde
hace referencia a la flor del cerezo, símbolo de la
vida de un Samurai.
Finalmente concluye su poema: "Perfectas… Son todas
perfectas…"
La Vida es perfecta, a pesar de todo… La muerte es perfecta.
Todo es perfecto para quien sabe vivir con dignidad, con honor.
En Japón, el florecimiento de los cerezos –Sakura-
es siempre esperado en cada primavera como un bellísimo
regalo de la Naturaleza. En ese momento los japoneses organizan
el festival de Hanami. Bajo la energía de los Sakura,
reunidos en familia y junto a sus amistades, los japoneses celebran
la VIDA y meditan sobre lo efímero de ella.
|
|