La televisión comienza a transmitir la entrevista realizada por el periodista
con un comentario: En momentos como estos, es duro informar que este notable
jovencito murió a las 19:35 de la tarde. Se confirman casos de cadenas
de favores en Los Ángeles, San Francisco y Phoenix. Se investiga si
los ordenadores donados a dieciséis niños adoptados proceden
de este movimiento…
Trevor – Es difícil, no puedes planearlo. Hay
que cuidar más de la gente. Hay que amar a las personas.
Protegerlas. Ellas no siempre saben lo que necesitan. Es tu
gran oportunidad de arreglar algo que no sea tu bici. Se puede
arreglar a una persona.
Chris – ¿Quieres por tu cumpleaños que
todos pasen el favor?
Trevor – No puedo pedir eso.
Chris – Claro. ¿Por qué no?
Trevor – No funcionará.
Chris – ¿Por qué?
Trevor – Hum… Ya he apagado las velas…
Trevor ya había soplado todas sus velitas... Había
finalizado su propósito de vida entregando un mensaje
sencillo aunque igualmente profundo, espiritual, dando ejemplo
e iluminando a una sociedad necesitada de la puesta en acción
de los valores morales para mejorar y transformar el mundo.
Una idea y un proyecto que surgió gracias a la motivación
efectuada por un profesor de estudios sociales cuya intención
era hacer pensar a sus alumnos, preparándolos así,
para la vida.
¡
La trascendencia de la acción de pensar! Cuando piensas,
cuando aprendes a orientar tus pensamientos accedes a un satisfactorio
proceso equilibrante, obtienes la suficiente claridad y capacidad
para mejorar lo que sea necesario en tu propia vida, encaminando
tu existencia en un sentido constructivo, pudiendo colaborar
desde lo individual a lo social en la transformación
de un mundo en sombras por ausencia de la luz que proporciona
el pensar bien e inteligentemente. El pensar bien, adecuadamente,
es ni más ni menos que el fundamento de la moral, la
base de una vida saludable, fructífera y honorable.
He aquí el diamante pedagógico de esta película
rotulada como drama… enseñar y aprender a pensar.