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DON ALBERTO GRAMAJO


EXPRESIÓN DE LOS LECTORES DE DIARIO SAN RAFAEL

Aunque no tuve el gusto de conocer personalmente al señor Alberto Gramajo, nunca dejé de leer sus artículos que fueron el nexo más importante con mi pasado en San Rafael durante la década del 50. Su fallecimiento me afectó profundamente, ya que siempre quise conocerlo pero, lamentablemente, no llegué a tiempo.
Estoy en un todo de acuerdo con la nota editorial de ese día, y por mi parte nunca olvidaré mis orígenes.
Cordialmente,
Gerardo Jacobsohn (hijo)

La mañana del 24 de julio, como todos los días, abrí el sitio en internet de Diario San Rafael para enterarme de lo que pasa en esa ciudad que tanto añoro, y me encontré con la infausta nueva del fallecimiento de Alberto Gramajo, gloria del periodismo sanrafaelino.
Juro que lloré, porque Gramajo fue uno de esos maestros y amigos que uno cosecha muy pocas veces en la vida. Lo conocí cuando en 1972 llegué a San Rafael para estar unos días y organizar el diario La voz del sur, pero me quedé ocho años.
Fue uno de los primeros colegas con los que trabé relación. El era columnista del diario El Comercio, donde todos los días publicaba una nota en tapa bajo el nombre de El Recuadro, que más tarde transformaría en una publicación semanal propia con ese mismo nombre.
Alberto era un tipo muy especial. Con un enorme y chispeante sentido del humor, que se tomaba la vida como lo debiéramos hacer todos, aceptando que las cosas son como son. Y eso era muy importante para su profesión de periodista de alma. Tenía una visión clara, objetiva, certera de los hechos que la vida nos traía todos los días. Predecía los acontecimientos políticos, sociales, económicos como si los estuviera viendo en base al análisis profundo y concienzudo de lo que deparaba la realidad de la ciudad, el país y el mundo.
Contaba con un bagaje imponderable de experiencia que había acumulado en su paso por diarios y revistas de la Capital Federal, a los que llegó desde su nativa tierra riojana en busca de ese futuro brillante que todos ambicionamos cuando jóvenes. Posteriormente regresó a San Rafael, donde había vivido un tiempo, y allí se quedó, con algunos intervalos, hasta la mañana del miércoles, cuando el Señor decidió que era hora que integrara el plantel de gente de prensa sanrafaelina que puebla las redacciones del Cielo.
Estamos tristes porque se nos fue el “Negro” Gramajo. Aunque él sostenía que no entendía porqué le decían Negro ya que vivía en una gran casona en Barrio Quiroga , barrio que según él era poblado de gente rubia y ojos celestes, tomándose el pelo a si mismo y a su barriada.
Pero con esa misma chispa e ingenio, podía ponerse serio y volcar en su columna la más dura y certera de las críticas sobre la gestión de los gobernantes de turno o sobre situaciones que vivía la ciudad y el departamento y que necesitaban de una voz serena y responsable que pusiera las cosas en su lugar.
Ha muerto Alberto Gramajo. Y deja tras suyo más de medio siglo de ejercicio de una de las más apasionantes profesiones. Pero no se trata simplemente de que haya sido periodista a través de tantos años, sino del ejemplo que dejó a las nuevas generaciones, de la impronta que supo darle a esta actividad tan ligada a los valores más preciados del hombre como la libertad y la justicia.
Ha muerto Alberto Gramajo, pero siempre estará con nosotros, siempre parecerá que en cualquier momento lo veremos en la puerta de la redacción con una broma a flor de labios o con el rostro serio de su preocupación por algo que le pasaba a este San Rafael que tanto quería. Y como dijo el diario de San Rafael en su nota de despedida, lo vamos a extrañar…
Nelson Altamirano
Río Cuarto, 24 de julio de 2008

Con profundo pesar he leído en el Diario de San Rafael la triste noticia del fallecimiento de don Alberto Gramajo. Alguien que conocí hace años, cuando él estaba en la Municipalidad, no recuerdo si como director de Cultura o a cargo de la emisora municipal.
Recuerdo su siempre solidaria participación en lo que fuera " dar una mano" a todos aquellos que nos inclinábamos por el arte y nos inicíábamos en alguna de sus formas. Conmigo fue especialmente amable al dar lectura a los cuentos infantiles de mi primer libro, "La Tortuga de colores", en ese medio radial. Además he leído cada semana en el diario, con gran satisfacción, sus "Apuntes mínimos"; un primor de sencillez y poesía.
Realmente, pienso que San Rafael se queda sin uno de sus pájaros cantores, que no solamente le cantó a su paisaje sino también a la vida.
Nos quedarán sin duda, aparte de su singular personalidad, sus apuntes mínimos para recordarlo siempre con especial cariño.
Norma Asens de Llorente

Sí, el cantor de los sentimientos sencillos, de humilde prosapia pero de encumbrada estatura, se ha ido. Ha partido con su bagaje de sueños en procura del mundo de sus ancestros, esos ancestros que supo cultivar y atesorar.
Alberto Gramajo, ese gran periodista, escritor y amigo de todos, ha terminado su ciclo de peregrino en estas tierras, y hoy se remonta en lírico vuelo al mas allá.
Pero su partida es sólo una idea de la vida, que muta, y termina, pero todos sentimos que su canto y sus palabras perdurarán largo tiempo entre nosotros.
Toda vez que escuchemos el preludio de una serenata, la voz de la brisa bajando de los cerros para arrimar a un balcón el perfume silvestre de las flores y el inconfundible aroma de los claveles del aire, sentiremos que su alma está entre nosotros.
Alberto, el amigo de todos, el que cubrió largamente las columnas del diario de San Rafael, el que rastreó las calles de nuestra aldea primaria. Alberto, el que atisbó profundo en el umbral del desaparecido Bottafogo, el que supo mostrarnos el perfil tanguero de Lito Cerrutti, la enjundia deportiva de los Trimiño y nos contaba casi murmurando del legendario "Príncipe Verde" del "Pinchapuchos" y recordaba anécdotas del "Caballo Garre", se ha ido.
Se ha ido con sus sueños riojanos, tal vez entonando lánguidamente el dulce acento de una vidalita, entre los arenales y cortaderas de sus sierras tan amadas.
Participé más de una vez de sus coloquios junto con mi esposo, cuyas últimas andanzas lo hacían anclar siempre en casa de su amigo Gramajo.
Sé que su último deseo es su cremación y posterior arroje de cenizas en El Atuel, ese río nuestro que trae los rumores de la Villa Vieja, de sus carolinos tan amados y de la antigua Capilla del Carmen, que inspiraron largamente sus inquietudes de poeta.
Siento que en algún recodo del río asomará a darle su saludo postrero El Negro Soto, con su particular fisonomía, y luego seguirá su curso milenario acunando el nombre de Alberto, el escritor, el poeta, el periodista enamorado de la vida, del paisaje cerril y de los álamos.
Cora Teijeiro de Acosta

Quiero expresar a través de las páginas de Diario San Rafael mi dolor por el fallecimiento de Alberto Gramajo. El año pasado disfrutamos buenos momentos durante una entrevista que se podrá escuchar nuevamente el próximo sábado 2 de agosto en el programa Cuyanos por el mundo.
Conocí a Alberto en la década del 70, cuando compartíamos la redacción del diario El Comercio. Un amigazo... un maestro. Nunca lo olvidaremos.
Sergio Helman
prensa-voces@uolsinectis.com

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