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ADIOS AL MAESTRO
DON ALBERTO: UN HOMBRE CUIDADOSO EN SU DECIR
Como la mayoría de los periodistas de su
generación, Alberto Gramajo hacía de la palabra
un objeto de culto. La usaba con cuidado, casi con veneración,
y era reacio a vestirla con adjetivos innecesarios. Siempre decía
que uno piensa con palabras y con ellas va hilvanando ideas e
imágenes, por eso hay que cuidarlas. Porque empobrecer
el lenguaje implicaba empobrecer las ideas, aunque hablar mucho
tampoco significaba que alguien tuviera muchas ideas. Según él,
se podía hablar todo el día sin decir nada sustancial.
Las conversaciones con don Alberto eran imperdibles, ya que pese
a su formación como escritor, era un gran "charlista".
De estilo pausado y entonación medida, siempre buscaba
el término exacto para definir lo que pensaba y solía
poner pausa en medio de las frases hasta encontrarlo.
Don Alberto, como lo llamábamos afectuosamente, nos dejó muchas
enseñanzas: la primera y más importante fue que
para ser buen periodista primero hay que ser buena persona. Por
otra parte, siempre dejó claro que el narrador nunca podía
ser más importante que la historia que contaba, o el periodista
que la noticia, y sostenía que jamás debíamos
dar por sentado que los hechos eran como los estábamos
relatando, sino que lo nuestro era apenas una aproximación
a la verdad cuando no teníamos el testimonio de algún
protagonista.
Eso si, para él la verdad era una sola,
pero esquiva como una dama a la que hay que cortejar eternamente
sin la menor
esperanza de que nos atienda. Nuestro compromiso profesional
consiste en no abandonar jamás ese cortejo.
En fin, don Alberto era de una época en que la fuerza
de las convicciones podía cambiar el curso de la Historia.
Y así vivió hasta el último de sus días:
fiel a ellas y a sus amores terrenales. Por eso, entre otras
cosas, lo vamos a extrañar.
DIARIO SAN RAFAEL-ARGENTINA
24 de Julio, 2008
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